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De Alcoy y nuevas leyendas

 Cuentan druidas que una espada en la piedra se mantuvo, que tantos héroes ansiaban extraer su noble filo, mas el sable, contumaz, por la magia así adherido nunca permitió una chance salvo a Arturo su elegido. Del mismo modo un heraldo de la magia hoy avistamos, Jose Juan inquebrantable, Jose Juan hoy es tirano. Un acero impetitente que repele sin cesar cuanto proponen rivales de pálida camiseta. La calva filosofal es ancestro de Numancia, cráneo pulcro que es azote del blanco y su capital.   Osamenta que defiende de malhechores su red impulsa su cuerpo grácil como cometa en el cosmos, en busca de los fragmentos con que lechosos disparan es capaz de detenerlos con el poder de su mano, unos brazos siderales que hoy reposan en Alcoy y que forman Vía Láctea como burla a sus contrarios, longitud cuasi infinita que por supuesto derrota a cualquier equipo antes siquiera de comenzar, que hace pues un artillero, arcabucero maldito, si el objetivo descansa tras el grande Jose Juan, fauces de un

Del mediapunta

El mediapunta es una figura clave que puede tornarse lastre en apenas un instante, un zafiro quebradizo, la promesa del que duda. En los tiempos donde el juego se basa en fuerza implacable pierde todo el sentido, el lazarillo avispado que bajo el manto de las moles que la defensa componen siempre hallaba algún resquicio; aquel último detalle previo al tan famoso gol, apenas subsiste en unos pocos versados.  Un talento tan preciso hoy es mero complemento, un adorno que embellece pero no protagoniza, del principal objetivo, que es derrotar en cansancio y valerse del veloz, un riesgo tan diminuto como hosco es su adjetivo. Apostar por arlequines carentes de tal poder, de tamaña resistencia, era antaño muy usual, el resto de combinado compensaba su escasez para así lograr su brillo. De este modo la luz que parecían proyectar no sufría embate alguno, manteniéndose en lo alto, en eterno mediodía, para el momento preciso. Un sol debe reposar su fatiga con la luna, la noche de la que hablamos

Del árbitro y el balonmano

 Del árbitro y el balonmano. Cuando en un partido de balonmano se da alguna acción violenta, no cabe ninguna duda que existe un mentor común cuyo poder siempre impera ante el de los jugadores. Como alumnos regañados, cabizbajos siempre asienten, acatando la sentencia del estricto profesor. De ese modo la justicia, nunca equidad en total, puede ser a largo plazo un retrato fidedigno. Pero el fútbol, clase B, carece de disciplina, y es imagen homogénea, y por tanto precupante del aula contemporánea, donde el árbitro/maestro se halla totalmente expuesto ante un enjambre de idiotas imbuidos por el ego. Una vez la marabunta ha cercado al colegiado, podemos asegurar que este es un lacayo más, si el cuadro que les rodea son viles Picas de Flandes no le queda más remedio que ante ellas capitular.

Los odiados cincuenta.

Los cincuenta son terror por el paso que suponen, por el cambio, por el hecho que supone cumplirlos. Ahora bien, atendiendo al lado positivo de la palabra, y al balonpié en concreto, podemos armar un gran equipo sin sobrepasar tal cifra y obviando sueldos, aunque por supuesto atendiendo a los emolumentos de cada jugador. Comenzando por la portería, debemos atender al caso de Diego López, actualmente en el Espanyol, club de segunda división, y que en verano saldría gratis del club, siendo un guardameta curtido y perfecto para la Liga española. Como suplente por supuesto nos nutriríamos del filial, siendo esta opción casi idéntica en cualquier posición, pues como ya indiqué en otro artículo, no existe un reserva más motivado y a la vez, económico, que el que uno mismo acuna.                                                            Pasando al entramado defensivo, nos haríamos por un coste de tres millones y con una perspectiva de dos temporadas a lo sumo (De ahí que el sueldo, alto pero

Del balón parado.

El estudio y previo ensayo no reciben atención, no al menos la suficiente siendo estos decisivos. Tratándose de un deporte donde prima la ventura, donde el azar es capaz de tumbar cualquier talento, controlar y predecir aunque sea un mero instante puede suponer la brizna que decante la contienda. Tan veloz es la refriega, tan incierto su futuro, que debemos aferrarnos a esa tregua sin dudar, dichas pausas nos permiten retomar la conducción exprimiendo todo el jugo que contiene la teoría.  Desde el pase del portero dirigido hacia su nueve el cual sabe por costumbre donde debe prolongar, a un  saque de banda que da inicio a una emboscada sorprendiendo con la misma incluso al más perspicaz. Lograr un acierto fiel, elevado porcentaje a través de estas acciones, no solo permite vencer en más ocasiones gracias a aumentar el gol, sino que además provoca un daño difícil de combatir, un miedo y mayor respeto del rival a tu estrategia, un cambio de sus esquemas para poderla enfrentar. Y es enton

Del experto y el prodigio.

 Hace relativamente poco terminó la Champions League con el duelo PSG-Bayern, un suceso que es perfecto para expresar mi argumento.  Llegados a la élite, en la cima del deporte conocido como fútbol, existen dos tipos de jugadores según su potencial, un primero que se eleva hasta límites ignotos siendo estrella indiscutible y centro de cuanto ocurre, y un segundo que, aún sin duda gozando de un talento formidable no alcanza a detentar tal poder y condición, siendo este un ingeniero, un perito o un experto, no alcanzando a formar parte de los astros y su estela. El equipo parisino como podéis apreciar era un retrato perfecto de cualquier constelación, reuniendo cuantas estrellas su chequera le permite y apostando el devenir a su fina inspiración.                                Por otro lado están los bávaros, sin general aparente pero capaz igualmente de tomar cualquier bastión. Ante esta tesitura, tan difícil elección ¿Qué prefieren los lectores, a los ángeles y arcángeles de milagros c

Posiciones. Del lateral defensivo.

 Tras un arquero infalible hay un coloso detrás, y no me refiero a la altura, al poder o envergadura, sino al valioso ejercicio que ofrece este secundario. Una vez dispara el hombre echa mano del carcaj encontrando cada vez y sin excepción alguna una flecha para el tiro, consecuencia del trabajo de este discreto soldado, que recoge proyectiles en el campo de batalla ignorando los peligros que tal acción presupone.  Asimismo esta labor renace con la pelota, siendo el raudo lateral encargado del disparo y el que defiende su área un escudero sutil. ¿Cúal prefieren de los dos, quien ejecuta el encargo o el que mantiene el negocio? Servidor en este caso se inclina por el segundo, he aquí las razones que sostienen mi elección: El lateral es defensor, por mucho que luego ataque y viva en campo contrario, siendo su fin primordial formar parte del bastión. Si resulta talentoso e infalible al rematar, centrando sin fallo alguno, filtrando pases de oro; debería por supuesto tomar otra posición. R